Albarrán, en el corazón sagüero

Fotografía original del eminente médico sagüero que se conserva en el Museo Municipal de Historia.

Todavía vivía el brillante médico cubano, considerado el mejor urólogo de su época, cuando la ciudad de Sagua la Grande le erigió un monumento en memoria de tan ilustre hijo suyo. Una estatua tallada en mármol blanco del famoso doctor en vías urinarias Joaquín Albarrán Domínguez, cuyo centenario de su fallecimiento, ocurrido el 17 de enero de 1912, acaba de conmemorarse.

“Sencillo en su trato, afable (…) desinteresado y leal, llevó a cabo operaciones dificilísimas que lo acreditaron de ser la primera autoridad de las vías urinarias.”
Dr. Tomás Hernández, Diario de Sagua, 17 de enero de 1914

Homenaje del pueblo de Sagua la Grande por el centenario del fallecimiento de tan ilustre hijo suyo. (Foto: José Miguel Pérez Dib)

La fecha escogida por el pueblo sagüero para rendir en vida tributo a esa gloria de la medicina mundial fue el 1ro de enero de 1911; el mismo día en que quedó develada también una placa en la casa que le viera nacer el 9 de mayo de 1860, una loable iniciativa local encabezada por el historiador Antonio Miguel Alcover.

Lejos estaban los sagüeros de imaginar que, apenas un año después, casi por los mismos días, fallecería Albarrán con apenas 51 años de edad, víctima de la tuberculosis contraída cuando operaba de un riñón a un paciente aquejado de la terrible enfermedad.

Antes, los nacidos en la Villa del Undoso habían reconocido en dos ocasiones el talento de su distinguido coterráneo. Al primer cirujano en Francia que realizó la prostatectomía perineal, un tipo de operación sumamente compleja,  para el tratamiento del cáncer prostático y al inventor de un instrumento conocido como uña de Albarrán. Prestigioso científico que ganara tres veces el Premio Goddard, de la Academia Francesa de Medicina, y legara importantes aportes a la ciencia.

El joven médico Joaquín Albarrán Domínguez. Fotocopia donada por su bisnieta Christine Roger al Museo Municipal de Sagua.

El primer gran homenaje sagüero a Joaquín Albarrán ocurrió el domingo 20 de septiembre de 1885. Día en que el pueblo de Sagua la Grande recibió a su hijo predilecto el cual regresaba cargado de grandes triunfos y le organizó una gran fiesta en el viejo Casino Español donde brindaron por  él  los  eminentes doctores Bonet, Planas, Rodríguez, y Figueroa, entre muchos coterráneos contentos de tener al sabio entre  ellos.
Tenía entonces Albarrán apenas 25 años y era ya un especialista de gran prestigio, con estudios de Medicina primero en España y luego en París. Se cuenta que en un momento de emoción, respondió así a los elogios de sus coterráneos: «Las canas aplaudiendo a un imberbe son un bálsamo a mi corazón y un estímulo a mi inteligencia».

Caricatura que muestra al eminente urólogo dentro de un riñón. Cortesía del Museo Municipal de Historia

El segundo reconocimiento a Joaquín Albarrán ocurrió cinco años más tarde, en 1890. Por entonces, el afamado urólogo de 30 años estaba en el cénit de su carrera y era reconocido por la ciencia médica entre los mejores del mundo en el campo de la urología. En esa ocasión se le recibió con un gran banquete en  el Teatro Uriarte y un baile en el Casino Español y fue enaltecido con la distinción de Hijo Predilecto. También, en su honor, tuvo lugar una velada literaria-musical en el Casino de Artesanos.

En el banquete que sus colegas le ofrecieron, levantó el médico cubano su copa para decir: «Brindo, señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia, que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos». Palabras suyas que serían esculpidas con posterioridad en el monumento que perpetúa su memoria en el parque sagüero que lleva su nombre.

Fue Joaquín Albarrán un cubano agradecido y orgulloso de la tierra que le viera nacer. Ante una ofensa al sabio cubano Carlos J. Finlay, a quien se le quería arrebatar el mérito de descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla, exclamó indignado: «¡Atrás, nada contra Cuba, nada contra los cubanos!».

También, en el agasajo de 1890, en entrevista concedida al diario El Fígaro, defendió con hidalguía sus orígenes: “Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la tierra en que nací.”

Recuerda la memoria histórica sagüera, atesorada en el Museo Municipal General José Luis Robau, que conocida en la Villa del Undoso la enfermedad mortal que aquejaba a Albarrán, sus pobladores no dejaron de enviar decenas de telegramas en esos primeros días de enero de 1912 interesándose por su salud.

Carta a Joaquín Albarrán de su amigo Dr. Tomás Hernández, último sagüero en verlo en vida.

Y hasta su casa en París acudió a visitarlo uno de sus mejores amigos de la infancia, el Dr. Tomás Hernández, último sagüero en verlo con vida, a quien Joaquín Albarrán le pidió trasmitir a sus coterráneos lo siguiente: “Dile a los sagüeros que mi último pensamiento es para ellos”.

Así lo cumplió el eminente médico, quien dejó dispuesto  poco antes de  morir  que  todos  sus atributos y trofeos de conquista científica fueran entregados  al  Ayuntamiento de  Sagua, voluntad se respetó y cumplimentó cuando el Dr. Bango los trajo y entregó en sesión solemne  para ser depositados en una elegante urna en el Salón de Conferencias.

Medalla de oro entregada a Albarrán en 1888. Donada como última voluntad al pueblo sagüero.

Hoy, una parte de ellos, están expuestos en el Museo Municipal, donde sobresale la Medalla de Oro del Premio de los Internados de París, ganada por Albarrán en 1888. Mientras que en La Habana, para su restauración, está desde el pasado año la toga del brillante médico.
El entierro del cubano en el cementerio parisino de Neuilly-sur-Seine fue extraordinario. Ocurrió el domingo 21 de enero y según describe el Diario de Sagua, que lo reseñó con posterioridad, asistió lo mejor de la intelectualidad francesa, así como destacados políticos de la época. En representación de su Patria, estuvo presente el general Enrique Collazo, enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República de Cuba en Francia. En su honor fueron pronunciados siete sentidos discursos.

Reseña a aparecida en el Diario de Sagua sobre los funerales de su hijo ilustre, fallecido en París a los 51 años de edad.

De dicha reseña, atesorada en el museo municipal, extraemos el siguiente párrafo:  “Los funerales de Albarrán fueron el domingo 21 de enero, ante una muchedumbre inmensa, de la que formaban parte personalidades políticas, como los Presidentes de la Cámara y del Senado franceses; celebridades científicas y un gran número de miembros de la intelectualidad francesa e hispanoamericana.”

Mientras que en Sagua la Grande, la ciudad que viera nacer al sabio y de la cual siempre Albarrán sintiera amor y orgullo, las muestras de dolor fueron inmensas.

Ante su  estatua, el reconocido intelectual Dr. Eduardo Francisco Rodríguez, Panchito, sintetizó el emocionado tributo sagüero con estas palabras:
“Joaquín Albarrán ha muerto, pero su voluntad a tono con su belleza y el bien, se inmortalizó en las victorias obtenidas en pro del Progreso Intelectual, Físico ó Moral del Género Humano. Joaquín Albarrán ha muerto, pero su pensamiento, a tono con la verdad, es inmortal.”

Agradecimiento a la especialista del Museo Municipal de Historia, Ana Margarita Cabrera Sánchez, cuya ayuda resultó inestimable en este trabajo de reconstrucción histórica.

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