Descubriendo a una distinguida dama

Hoy 30 de noviembre la UCLV está de cumpleaños. Seis décadas de historia y resultados científicos, con un alumnado orgulloso de pertenecer a uno de los centros más prestigiosos del país. Esta institución, la más multidisciplinaria de la Educación Superior, aporta un valor especial a y a la región central de .

Cuántos graduados desde entonces, cuántos estudiantes caminaron por sus aulas, cuántos profesores crecieron allí, y, sobre todo, cuántos jóvenes dieron gracias por la confianza, las amistades y el futuro sembrado en una universidad que bien sabe contar su historia y ser digna de ella.

 

LUCHA POR UNA UNIVERSIDAD

Aunque fue creada oficialmente por la Ley 16 del 22 de noviembre de 1948 y existe una foto del entonces presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, cuando ponía la primera piedra el 11 de febrero de 1952, la lucha por tener una universidad en el centro de Cuba se remonta muchos años atrás.

Sueño acariciado desde el siglo xix por hombres como el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, y el patriota santaclareño Eduardo Machado Gómez, que se fortaleció a partir de 1937 con la creación de la Comisión Gestora Pro Universidad en la cual participó lo mejor de la intelectualidad villareña de la época.

La institución inició su primer curso académico el domingo 30 de noviembre de 1952. El lugar escogido para levantar el complejo universitario fue la finca Santa Bárbara, de 14 caballerías, ubicada al noreste de la ciudad de Santa Clara, con excelentes condiciones naturales y relativamente alejada del centro urbano.

Para esa fecha inaugural, solo estaba terminado el edificio de Humanidades-Educación. En el acto solemne usaron de la palabra, entre otros, el rector Pedro Martín Camps y Camps y el Dr. Felipe Calcines, rector de la Universidad de Oriente. En nombre de los profesores habló el destacado pedagogo Dr. Medardo Vitier Guanche.

Refiere la síntesis histórica de la institución, que la matrícula costaba 60.00 pesos anuales. Los primeros 615 alumnos estaban distribuidos por carreras de la forma siguiente: Pedagogía (287), Ciencias Comerciales (146), Idioma Inglés (85), Filosofía y Letras (29), Ingeniería Química Industrial (27), Perito Químico Azucarero (25) e Ingeniería Agronómica (16).

Las actividades académicas en el período de 1952 a 1957 —último curso antes del triunfo de la Revolución— estuvieron marcadas por las contradicciones propias de la república neocolonial y una activa lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.

De las aulas universitarias villareñas emergieron líderes sobresalientes como el estudiante de Ciencias Comerciales Ramón Pando Ferrer, quien encabezó la creación, en 1955, del primer Comité Pro-FEU Central, y Agustín Gómez-Lubián Urioste, Chiqui; caídos ambos en el fragor de las acciones contra la dictadura.

También la Universidad acogió la primera comandancia rebelde durante la toma de Santa Clara. Allí el Che Guevara ultimó los detalles para el asedio de la ciudad, y en sus recintos se confeccionó propaganda revolucionaria y se fabricaron los cocteles Molotov.

De sus predios partió el buldócer que levantó la vía férrea y provocó el descarrilamiento del tren blindado que traía refuerzos militares. Además, en el aula no. 1 del edificio de Humanidades funcionó el hospital de campaña donde fueron atendidos los heridos y velados los cuerpos de los rebeldes caídos en combate.

FIDEL Y EL CHE, DOS FIGURAS IMPRESCINDIBLES

La sexagenaria historia de la UCLV no podría contarse sin estos dos líderes, que marcaron pautas con su asidua presencia. La primera visita de Fidel Castro ocurrió el 16 de marzo de 1959 para inaugurar la Biblioteca Central.

Después de una multitudinaria bienvenida frente al edificio de Ciencias, Fidel habló a los estudiantes y profesores en el Auditórium, actual Teatro Universitario. Allí expresó la idea de construir la Ciudad Universitaria Abel Santamaría con un presupuesto de 2 500 000 pesos, un sueño materializado apenas dos años después.

Ya en 1962, el Comandante en Jefe podía decir con legítimo orgullo: «Esa magnífica universidad que hay en Las Villas».

La última visita suya al prestigioso centro ocurrió el 26 de julio de 2004, en ocasión de la sede ganada por Villa Clara por el aniversario 51 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Fidel habló en el Teatro Universitario y dedicó su discurso al entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, a quien calificó de personaje siniestro que amenazaba y calumniaba a Cuba.

También el Che dejó allí una huella indeleble. Emblemático resulta su discurso del 28 de diciembre de 1959, en ocasión de su investidura como Doctor Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía, cuando instó a la Universidad Central a pintarse con los colores del pueblo: «Y qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función especial de su vida en esta Cuba nueva, le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no solo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba».

El 2 de febrero de 1962 el Comandante Guevara inauguró el curso escolar 1962-1963. Un destacado profesor, el Dr. Juan Virgilio López Palacio, recuerda que el Che rememoró el momento de su investidura de Doctor Honoris Causa y, como siempre, el impacto en el auditorio resultó extraordinario.

Mostró interés por la Escuela de Agronomía y en la producción de alcoholes derivados de la caña de azúcar en el centralito existente en la Universidad.

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Constituida Asamblea del Poder Popular en Santa Clara

Reelegido Gustavo Benítez Fumero, como presidente, y electa Maricela Lara Ruiz, como vice-presidenta del Gobierno en la capital de Villa Clara. Marisol Alfonso Montesinos continúa fungiendo como secretaria.

De izquierda a derecha Maricela Lara, Gustavo Benítez y Marisol Alfonso, quienes dirigirán el gobierno de la ciudad por dos años y medio (Fotos: Reinaldo Batard)

Los 167 delegados de Santa Clara reeligieron al ingeniero Gustavo Benítez Fumero para conducir el Gobierno de la capital de Villa Clara por un nuevo mandato de dos años y medio, en acto solemne que tuvo por sede el Teatro La Caridad.

Benítez Fumero, de 51 años de edad, al frente de la Asamblea Municipal del Poder Popular desde 2009, recibió para presidente 142 votos de las 161 boletas válidas; en tanto, para vicepresidente alcanzaba 16.

Mientras la profesora Maricela Lara Ruiz, quien hasta ese momento ocupaba el cargo de secretaria general del Sindicato de la Educación, la Ciencia y el Deporte (SNTECD) en Villa Clara, pasó a ser la nueva vicepresidenta del Gobierno en la Ciudad de Marta y el Che, con 110 votos para esa responsabilidad y 16 para presidenta.

Lara Ruiz sustituye para este XV mandato a Rolando Pérez Trujillo, hasta este domingo vicepresidente del Gobierno en Santa Clara.

Águila Guerrero, presidente de la Comisión Electoral Municipal, en el momento que declara oficialmente constituida la Asamblea Municipal del Poder Popular en la Ciudad de Marta y el Che.

Enrique Águila Guerrero, en su condición de presidente de la Comisión Electoral Municipal cumplió con los procedimientos que exigen la Constitución de la República y la Ley Electoral, Ley 72, y presidió el acto constitutivo de la asamblea hasta la elección de la nueva dirección de gobierno.

Águila Guerrero, comprobada la validez de la elección de los 167 integrantes, de los cuales, 108 son hombres y 59 mujeres, y explicada la composición etaria, clasista y el nivel cultural de la nueva asamblea, con promedio de 48 años de edad, procedió a juramentar a los delegados.

Yordanka Rodríguez Ortiz, de la Circunscripción 108 del Consejo Popular Centro, tuvo a su cargo la lectura del juramento que impone los deberes que asumen los delegados ante la sociedad y las atribuciones inherentes al cargo.

Yaiser Dieter Terry, al frente de la Comisión de Candidatura, presentó la de Gustavo Benítez Fumero y Maricela Lara Ruiz, para presidente y vicepresidente, respectivamente, aprobada por mayoría de 157 delegados, con 5 en contra y 4 abstenciones.

El delegado de mayor edad, José Flores Pérez, El Camarada, de 77 años, en el momento que recibía el sello que lo ratifica como representante popular de la circunscripción 28 del Consejo Popular Vigía-Sandino.

Una vez concluida la votación mediante el voto directo y secreto de los delegados, ambos dirigentes tomaron posesión oficial de sus respectivos cargos y fue ratificada  la compañera Marisol lfonso Montesinos como secretaria de la asamblea.

El presidente reelecto agradeció la confianza en él depositada, así como en la compañera vicepresidenta Maricela Lara, y reconoció el esfuerzo de los delegados salientes, entre los que sobresalió, Elio Eligio Cárdenas González, quien fungiera durante más de 35 años al frente de la circunscripción 82 de La Movida, perteneciente al Consejo Popular Manajanabo.

Las conclusiones de la constitución de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Santa Clara estuvieron a cargo de Juan Carlos Palacio León, primer secretario del Partido en la ciudad capital de Villa Clara.

El solemne momento que puso fin a la primera etapa de las elecciones generales en Cuba estuvo presidido por Julio Ramiro Lima Corzo, primer secretario del Partido Comunista de Cuba en Villa Clara, Modesto Delgado Flores, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial, y Rubén Ramos Rojas, presidente de la Comisión Electoral Provincial.

Presidieron la solemne constitución, de derecha a izquierda: Julio Ramiro Lima Corzo, primer secretario del Partido en Villa Clara; Juan Carlos Palacio León, su homólogo en Santa Clara, y Rubén Ramos Rojas, presidente de la Comisión Electoral Provincial.
Los delegados santaclareños escogieron el emblemático Teatro La Caridad, donado a la ciudad por Marta Abreu, para dejar oficialmente constituida la Asamblea Municipal del Poder Popular.

De manera simultánea fquedaron constituidas este domingo 25 de noviembre las restantes 12 asambleas municipales del Poder Popular en Villa Clara, y de toda Cuba.

Julia, una canción de Lennon para una cubana

Fotos cortesía de Judith

Tomado de El Diablo Ilustrado
Cuando no puedo cantar con el corazón
Sólo puedo decir lo que pienso, Julia
Julia, arma dormida
Nube silenciosa, tócame
Por eso canto una canción de amor, Julia
Julia, Julia…
Es cierto que nos habíamos dado unos tragos de Paticruzao en la íntima fiesta de aquella noche en Santiago, pero no para tanto. Charly Salgado cantaba “Julia”, halagando a la amiga anfitriona. Yo había silviado un poco y lo escuchaba cómodamente en un butacón. La señora de la casa, ya rondando los 70 años, de una belleza sin maquillaje, simpática y abierta en su charla, se sentó a mi lado y, como quien no quiere las cosas, me suelta de sopetón:
—Esa canción me la hicieron a mí.
La miré y traté de ampliar su comentario en el plano idílico, asociando a su hija y el nombre de la pieza. Pero ella insistió:
—No, no; lo que te digo es que esa canción fue hecha para mí.
Miré hacia el techo: no daba vueltas; giré entonces mi rostro, sin apuro, hacia ella; le clavé la mirada, contrayendo los labios, mis cejas hacia arriba… todo para sugerirle que no me cogiera para eso. Y le aclaré pausadamente, por si se trataba de un mal entendido:
—Señora, esa canción no es de nuestro Charly: es de Jonh Lennon, el de los Beatles.
Sonriente, como quien tras una gran apuesta vira la carta oculta que le da el triunfo, me afirma:
—Sí, de John. Hasta Juan lo llamé, en una noche muy parecida a esta.

La mitad de lo que digo no tiene sentido
Pero lo digo sólo para llegar a ti, Julia, Julia, Julia.
Me tomó de la mano y me llevó a un cuartico como de estudio colindante. Me invitó a acomodarme en una butaca de mimbre y me sirvió un doble en strike; se sirvió uno para sí (que no era su primero tampoco). Hizo el gesto típico del brindis y se sentó en una silla a mi lado.
Como aceptándole el juego le enfaticé:
—Pero usted se llama Judith.
—Esa canción era “Judith” hasta que entran a los estudio Abbey Road a grabar. Es Paul Mc Cartney quien aconseja a Lennon, que decide entonces ponerle el nombre de su mamá.
Criatura del océano que me llama
Por eso canto una canción de amor, Julia.
Entre burlón y algo más serio, como quien no sabe si seguirle la rima o frenarla en seco, quise que me reafirmara abiertamente.
—A ver: ¿Lo que me quiere decir es que el mismísimo John Lennon, ¡el de Los Beatles!, hizo la canción “Julia” inspirado en usted? O sea, que conoció a Lennon en persona, y tan bien conocido al punto de inspirarle nada menos que “Julia”.
—Pues sí, muchachito: se la hizo a esta que vez aquí; claro que… con casi 50 años de menos.
Soltó una carcajada que no pude acompañar pues, lógicamente, estaba masticando lo que me contaba. Pero ella, como narrando la telenovela, continuó:
—Tampoco es que tuviéramos un gran romaaaance, pero estuvimos toda una noche conversando, casi hasta al amanecer; de todo un poco, y na’, me sacó luego la canción.  Lo cual ignoré hasta unos años después, cuando me llega un mensaje del propio John. Por poco me da un patatús cuando me supe la verdadera “Julia” del Álbum Blanco.
Julia,  ojos de concha marina
sonrisa de viento que me llama
por eso canto una canción de amor, Julia, Julia, Julia…
La canturreaba con gozo, pero tuve que interrumpirle ante una contradicción con la que podía cogerla infraganti:
— ¿Y como usted no publicó eso, Judith? Fuera una mujer famosa, oiga: ¡la cubana que inspiró una canción de los Beatles!
— ¿No me digas? ¿Tú te imaginas que yo gritara aquí, en pleno Santiago de Cuba, a inicios de los años 70 —cuando me enteré—, que había tenido relaciones con un músico inglés? ¡Muchacho, el rock era el imperialismo! ¿Tú piensas que es un bonche la canción de Carlos Varela… Y cuando los discos de los Beatles no se podían tener? Me habrían botado hasta del CDR. ¡Me arrollaba la conga de Los Hoyos…!
Se caía del cielo mi nueva sospecha:
— ¿Y… cómo usted se empata con John Lennon, señora mía?
—Cosas de la vida. Fui a La India como parte de una pequeña delegación, entre el 2 y el 10 de abril de 1968. Yo era traductora de inglés, que es también idioma oficial allá. El objetivo creo que era un intercambio o acercamiento a la primera ministra Indira Gandhi —a la que no vi, por cierto, ni en pintura. Era como la niña mimada del grupo. Ni sabía quienes eran Los Beatles. Me enteré allí por el revuelo con ellos. Estaban a orillas del río Ganges, en la hacienda del gurú Maharishi Mahesh, una especie de guía espiritual, famoso por unos ejercicios de meditación para entrar en otro mundo (lo que se dice un trance). Nos hicieron un motivito casi oficial, y uno de la cumbancha con el profeta era de la corte de Indira; Siva —bueno, en realidad se llamaba Sivananda—, se hizo amiguito de nosotros y fue quien llevó a Lennon para que despejara con nosotros, pues estaba en grandes tensiones ya con “Ojo cósmico” —así fue como nombró John al gurú, con aire de burla. Se maravilló cuando supo que había cubanos allí, como quien descubre unos bichos raros y… por alguna razón —enfatizó con pícara coquetería— con quien se quiso sentar fue conmigo. Sabía la leyenda de los Barbudos, de Fidel que escandalizó a la ONU con un discurso de más de cuatro horas, de Bahía de Cochinos, de la Crisis de los misiles… Preguntó mucho por el Che, quien había caído en Bolivia hacía unos meses y el impacto mundial era tremendo. Tuve que explicarle mucho sobre el sentido de aquella guerrilla y la imposibilidad de otra vía, pues John insistía en que las armas tenían que ser borradas de la tierra, era partidario de la lucha pacífica. No se me olvida que me dijo, como un chiste, “desaparecer las armas todas: hasta los cuchillos de mesa”. Habló estremecido de Martin Luther King. Me dijo que había visto su discurso en la Gran Marcha de Washington por allá por el 63, gracias a una filmación en la que aparecen Bob (Dylan) y Joan (Baez) cantando. Que fue estremecedor ver al gran líder negro dialogar con el público mientras repetía I have a dream… (Yo tengo un sueño…). Me lo contaba con indignación. Hacía solo tres o cuatro días que lo habían asesinado; eso tenía tenso el ambiente en los Estados Unidos, con grandes manifestaciones y motines en varias ciudades. John me insistió en la lucha pacífica, como Mahatma Gandhi. Yo no dejé de argumentarle defendiendo la guerrilla como única manera factible.

Cuando se dio cuenta de mi empecinamiento, cambió de tema con un piropo. Intuía que las noticias que le llegaban sobre Cuba venían jorobadas, tenía reservas, por eso preguntaba tanto. Hasta me pidió que le confirmara que no era verdad lo de la patria potestad, pues hasta en la prensa se afirmaba que en Cuba el gobierno le quitaba los hijos a los padres, para mandarlos a trabajo forzado en la URSS… Ideas muy confusas en él; aparte de que, por supuesto, no estaba sobrio para nada. Y déjame decirte que fue todo un caballero. Era muy ocurrente, sagaz; al inicio un poco suspicaz, luego su confianza fue total. Me preguntaba sobre los cubanos, las diferencias de clase… Se reía con los cuentos del racionamiento de la comida. Y, aunque se dibujaba nuestra vida cotidiana un poco amarrada para su propio estilo, creo que le gustaba esa Cuba de mi descripción, como si le estuviera leyendo la Utopía de Tomás Moro. Yo intenté mostrarme aguda y él me veía muy cándida. Hasta bailamos un bolero. Fue una cosa loca, loca.
Una coartada tan atractiva y bien armada empezaba a seducirme, pero me resistía a creer un cuento tan espectacular. Ella sabía que iba a ser así, y siguió disfrutando su historia, tras mi nueva sospecha:
— ¿Y no le disgustó, Judith, que su nombre fuera cambiado en la canción?
—A qué decir que habría preferido que la voz de Lennon  dijera…Juuuudith…Juudith… pero el tiempo me ha enseñado que las esencias están más allá de la menor vanidad o ego. Por eso tampoco lo pregono ahora. Lo saben dos o tres personas muy allegadas, y mi hija. Es algo muy mío; creo que divulgarlo sería como ganarme puntos con el mito, cuando, realmente, aquel encuentro fue entre dos seres humanos. Cuando llegó al motivito, para mí era un extranjero más, aunque irradiaba una fuerte personalidad… Con su melena, barbudo…alto, muy alto, flaco. Fue cómico, pues hizo saber sus dudas sobre el Maharishi, y yo de fresca le solté una risotada: “Claro, muchacho: todo eso es superstición para cazar bobos”. Y hasta creo que le di un manotazo en el hombro. Luego en el disco él satiriza todo aquello. Ya desde que empiezan a avanzar los días de meditación, Lennon empieza a hastiarse y compone “I’m so tired”
Estoy tan cansado
no he pegado un ojo
tengo la mente estropeada.
Me pregunto si debería levantarme
y prepararme un trago,
no, no, no.
Estoy tan cansando
que no sé qué hacer.
Estoy tan cansado…
sólo pienso en ti.
Me pregunto si debería llamarte,
pero ya sé lo que harías
dirás que te estoy tomando el pelo.
Pero no es broma,
no puedo dormir,
no puedo dejar de pensar
hace ya tres semanas
y me estoy volviendo loco.
Se nota un John entre la agonía, casi claustrofóbica… la falta de estímulos; está pensando ya en Yoko, con quien recién comenzaba una relación oculta, y va sintiendo  una farsa en todas aquellas sesiones de trascendentalismo. Aquello, como que se fue intoxicando y aparecieron fuertes contradicciones. Se llegó a decir que el ejercicio espiritual era un gran negocio, más que un taller de purificación; que el gurú pretendía que los Beatles le depositaran en un banco suizo el 25 % de las ganancias de su próximo disco y que Lennon contestó: “Sobre mi cadáver”. También hubo líos con las mujeres; se dice que Marahashi trató de seducir hasta a Mia Farrow.
—¿La actriz norteamericana, la mujer de Woody Allen, estaba en el piquete aquel?— Pregunté ya metido en la película. Y Judith se dio banquete conmigo:
—Mia Farrow, esposa de Frank Sinatra primero y, ciertamente, estrella y compañera de Woody Allen, estaba allí en la “cosmogonía” aquella… y también, su hermana, Prudence Farrow, por supuesto. ¿Te suena? Prudence… Dear Prudence…
— ¿Hablas en serio?— Preguntó mi instinto, y me mordí la lengua por haber caído en el anzuelo. Judith, victoriosa, prosiguió:
— Prudence cogió obsesión con aquello de la Meditación Trascendental, se encerró en un cuarto sin querer salir, y Lennon, preocupado por su estado anímico, le escribió la canción:
Querida Prudence
¿No quieres salir a jugar?
Querida Prudence
saluda al nuevo día.
El sol está alto, el cielo está azul
es hermoso y tú también lo eres.
Querida Prudence
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Gracias a una cafetera se inventó la webcam

Rebecca KesbyLa tecnología computacional avanza tan rápido que es difícil acordarse de cómo era la vida antes de internet. Pero hace sólo 19 años, a principios de los 90, la web no tenía motores de búsqueda, redes sociales ni tampoco cámaras.

Los científicos que inventaron las primeras webcams (iniciando así una revolución que nos traería las teleconferencias y retransmisiones en vivo a través de la red) , en realidad dieron con la idea persiguiendo era otra cosa muy distinta: café caliente.

Algo indispensable para el equipo de fanáticos de la tecnología que trabajaban en aquel entonces en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, era la cafetera.

“Una de las cosas que son muy, muy importantes entre los investigadores de ciencia computacional es un constante flujo de cafeína”, explica el Dr. Quentin Stafford-Fraser.

Pero el problema para los científicos era que la cafetera estaba ubicada en el principal laboratorio de computación, conocido como la habitación Troyana, y muchos investigadores trabajaban en distintos laboratorios en otros pisos del edificio.

“A menudo venían a servirse café de la cafetera para descubrir que ya se lo habían bebido”, recuerda Stafford-Fraser.

Para resolver el problema, él y otro científico, el Dr. Paul Jardetzky, improvisaron una cámara para poder ver la cafetera.

La primera webcam

webcamSus creadores improvisaron una pequeña cámara Philips para vigilar la cafetera.

La cámara tomaba imágenes tres veces por minuto y diseñaron un programa que permitía a los investigadores del departamento ver las imágenes en su red de computadoras interna.

Esto evitó que tuvieran que moverse físicamente para revisar la cafetera y también la profunda decepción de hallarla vacía.

Sin embargo, no fue hasta el 22 de noviembre de 1993 que la cámara de vigilar el café dio el salto a la internet.

Una vez más, fue un científico computacional, momentáneamente distraído de su proyecto de investigación, quien dio con la idea.

El Dr. Martyn Johnson estaba investigando las posibilidades de la internet y analizando el código del servidor pensó que sería fácil imitar el sistema de vigilancia de la cafetera en la red.

“Elaboré un breve guión en torno a las imágenes capturadas”, explicó, “la primera versión era tan sólo de 12 líneas de código, probablemente menos, y simplemente copié la imagen más reciente al receptor donde fuera que estaba ubicado”.

Allí estaban las borrosas imágenes de una cafetera en el laboratorio de la universidad, que quedaron inscritas en el libro de las anécdotas del centro, por ser las primeras imágenes transmitidas a través de internet. Sigue leyendo Gracias a una cafetera se inventó la webcam

Ahora somos mejores

El doctor Jesús Satorre Ygualada, Chuchi, subdirector del Cardiocentro Che Guevara, tuvo a su cargo las palabras a nombre del grupo de Administración Pública. (Fotos: Narciso Fernández)

Cuando nos designaron para cursar el Diplomado en Administración Pública todos, o casi todos, entre los que me incluyo, lo asumimos como una responsabilidad ineludible pero engorrosa.

Serían nada menos que diez semanas sentados mañana y tarde en la Escuela Provincial del Partido recibiendo asignaturas tras asignaturas, algunas más pesadas que otras, y otras pesadísimas.

En fin, qué remedio. No teníamos opción. Había que pasar el susodicho diplomado. Y así, casi como vacas al matadero, fuimos para la “Carlos Baliño” el lunes 10 de septiembre para enfrentar el enorme reto.

Las primeras impresiones corroboraron el concepto preconcebido: “tronco de pesadez” y para colmo con clases hasta los sábados. Recuerdo como si fuera ahora la expresión de quien llegaría a ser el más querido de todos nosotros y el alumno más carismático del grupo, el doctor Jesús Satorre Ygualada, Chuchi, quien al ver el horario docente escribió en el día 10 de octubre, que era feriado: ¡Qué maravilla!

Lo mejor de esos primeros días, y por supuesto, de todo el diplomado, la gente. O sea, nosotros mismos. Cada uno con sus características y todos dirigentes de una alta responsabilidad en la provincia. Cuadros del primer nivel, como se dice. Desde Eralia, la Fiscal Jefa Provincial de Villa Clara, que solo por su cargo inspiraba algo más que respeto, hasta Pituca y yo, simples periodistas enrolados en esa casi imposible misión. Ella, la “incallable”, por el periódico Trabajadores y yo, el que más pensaba con los ojos cerrados para sus adentros, por Vanguardia.

Con nosotros estaba Ania, la directora provincial de Justicia, por supuesto la más justa, o casi, porque también estaba Justo Ramírez, a quien le vinimos a saber el nombre en la última semana, por lo bajito que hablaba, y eso que nos presentábamos más de seis veces al día ante cada profesor que pasaba por delante del grupo, y fueron más de 40; todos docentes de una alta calificación profesional y científica.

También estaban tres vicepresidentes de Consejos de la Administración Municipal: Jova, de Santa Clara, Osvaldo, Risita, de Camajuaní, y Villalobos, de Santo Domingo; Raisa, directora provincial de Trabajo; Marisol, de Seguridad Social; Julito, de la ONIT; Israel, director del INDER en Villa Clara; Cabello, su homólogo y subordinado en Corralillo; y la remediana directora de Trabajo en la Octava Villa, defensora a capa y espada de las iniciativas de desarrollo local.

Seis eran los miembros de Salud: Rafaelito, subdirector provincial del sectorial; Mandy, director del Pediátrico, Arnaldo, el Toro, como le decía Chuchi, director municipal del Manicaragua, Tony, director en Ranchuelo, y Frank, rector de Ciencias Médicas. Nunca antes estuvimos mejor protegidos y cuidados de cualquier enfermedad. Fuimos, por tanto, en ese y en todos los sentidos, un grupo muy sano. Sigue leyendo Ahora somos mejores