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José Braulio Alemán, un general santaclareño de mucho lustre

Con 33 años y el grado de general de brigada, electo secretario de la Guerra del Consejo de Gobierno que presidió Bartolomé Massó. (Fotos: Cortesía del Archivo Histórico Provincial Villa Clara)

El 26 de marzo de 1864, hace hoy 149 años, nació en Santa Clara el general de brigada del Ejército Libertador José Braulio Cástulo Alemán Urquía. Un patriota de mucho lustre intelectual que llegó a desempeñar importantes cargos dentro del mambisado, incluido el de Secretario de Guerra, en el gobierno de Bartolomé Masó elegido, en 1897, en la Yaya.

Según consta en la inscripción de nacimiento fueron sus padres Antonio Alemán Romero y María Urquía Espino, ambos naturales de Islas Canarias, España. Desde joven mostró clara inteligencia ejerciendo en Santa Clara un periodismo radical que le llevó a prisión en varias oportunidades. En su ciudad natal fundó primero El Horizonte y después La Protesta, instrumentos de denuncia contra la corrupción política del colonialismo español en la Isla.

Se levantó en armas el 5 de septiembre de 1895 y de inmediato pasó a desempeñar importantes funciones. Nombrado coronel, el Generalísimo Máximo Gómez lo designó Subinspector General del Ejército Libertador, responsabilidad que desempeñó con la eficiencia y honradez que siempre le caracterizaron.

Con el cargo de general de brigada y 33 años de edad fue designado Secretario de la Guerra del gabinete de Bartolomé Masó. Luego realizó labores de inteligencia en la Trocha de Júcaro a Morón bajos las órdenes directas de Máximo Gómez, quien tenía en alta estima sus cualidades de organizador.

Fue Alemán uno de los pocos cubanos que vio el peligro de la intervención norteamericana en la guerra y, quizás, entre las excepciones de los patriotas que siempre fue opuesto al licenciamiento del Ejército Libertador, por considerarlo un error político de incalculables consecuencias.

Designado constituyente en 1901 se opuso siempre a la Enmienda Platt. Gobernador de la provincia de Santa Clara electo en 1906 renunció a su cargo al producirse la II Intervención Militar en Cuba. Senador durante el gobierno de José Miguel Gómez terminó su carrera política como Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del general Gerardo Machado, sin comulgar con los crímenes del tirano ni claudicar con su ideario patriótico y antinjerencista.

De su época de secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes (1926-1930)

El general José Braulio Alemán falleció en La Habana el 15 de enero de 1930 a la edad de 65 años. Una calle de Santa Clara lleva su apellido.

En ocasión de un aniversario más de su nacimiento ponemos a consideración de los lectores la descripción que hace en su Diario de Campaña del ataque al poblado de Cruces, perteneciente en la actualidad a la provincia de Cienfuegos.

Documento inédito, este Diario de Campaña recoge la trayectoria militar del santaclareño, entonces coronel Jefe de la Brigada de Cienfuegos, desde el 25 de marzo de 1896 hasta el 23 de abril del propio año, en que asumiría nuevas misiones dentro del campo insurrecto.

Entre el 18 y el 19 de abril de 1896, sus hombres organizaron y atacaron el poblado de Cruces. Así lo hace constar Alemán de su puño y letra:

“A las 5 de la mañana en marcha haciendo alto a las 12 en Lomitas. A las 5 de la tarde seguimos marcha hacia medio cuarto de legua del pueblo de Cruces, donde deseoso de demostrar la existencia de la guerra en la Brigada, me propuse entrar en el pueblo.

“A las 4 de la madrugada ordené la entrada por cuatro lugares distintos, haciéndose así, quemándose 15 casas, algunas en puntos céntricos y 2 de ellas valiosas. En medio del fuego de los fuertes y de la ronda parapetada en la Iglesia se saquearon 11 establecimientos, ocupándose 37 machetes nuevos, 10 revólveres calibre 44, 6 caballos, 11 monturas, alforjas, ropa hecha, 69 pares de zapato y gran cantidad de víveres que se repartió a la fuerza. A la salida se acarrearon 70 bueyes acorralados en el pueblo, a los que uní la boyada del Central Mercedes y colonia La Granja haciendo un total de 190 bueyes.

“Se dio fuego a los cañaverales cercanos del Central Andreíta al salir del pueblo (6 ½) de la mañana. Se ocuparon en un establecimiento 6 tercerolas. Quedaron destrozados los telégrafos y teléfonos. Por nuestra parte solo 2 heridos leves, a pesar de estar el pueblo cerrado de alambres y lleno de fuertes.”

Resulta la primera vez que esta descripción sale a la luz pública. Ahí radica su principal utilidad y virtud. Una modesta manera de enriquecer la historia local del hermoso poblado crucence.

También sirva este recordatorio necesario para un mejor acercamiento a una figura destacadísima dentro de la Revolución de 1895 en Santa Clara que hoy día permanece sumida casi en el anonimato.

 

Pie de fotos:

1- Con 33 años y el grado de general de brigada fue elegido Secretario de Guerra en el Consejo de Gobierno que presidió Bartolomé Masó. Fotos: Cortesía del Archivo Histórico Provincial de Villa Clara)

2- Alemán en su época como Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes (1926-1930)

 

 

 

 

 

 

¿Máximo Gómez izó la bandera cubana el 20 de mayo de 1902?

Por Jorge Oller Oller

Máximo Gómez izando la bandera cubana después del ceremonial del inicio de la República en 1902 instantánea que motivo la polémica. Foto: Gómez de la Carrera. 

El martes 20 de mayo de 1902, a las doce del día, nació la República de Cuba. Los fotógrafos de prensa cubanos y de otros países captaron miles de imágenes de aquellos momentos, entre ellas una que el fotógrafo José Gómez de la Carrera le hizo al General Máximo Gómez izando la bandera cubana teniendo a su lado al General Leonardo Wood.

Medio siglo después esa fotografía provocó una gran polémica histórica motivada por unas memorias publicadas por el periodista Enrique H. Moreno en la edición especial de la revista Bohemia dedicada al Cincuentenario de la República de Cuba.

En su escrito Moreno recordaba que “breves instantes después [de las doce del día] comenzó una salva de 21 cañonazos disparados por la batería situada frente al Templete, se oían los acordes de los himnos Americano y el de Bayamo y la multitud que colmaba parte de la Plaza de Armas y las calles y las aceras inmediatas prorrumpía en vítores y exclamaciones. ¿Qué veía aquella inmensa concurrencia que así se agitaba?

“Era que contemplaban como descendía lenta y gallardamente del mástil emplazado en la azotea del Palacio junto a su gran reloj la bandera americana y a su vez subía hasta el tope, la bandera de la República de Cuba, consagrando el final de la ceremonia.

Los sargentos E.J. Kelly y Frank Wundrock que tuvieron a su cargo el cambio de banderas. 

“Cuando yo me dirigí [continúa Moreno en su relato]  atraído por el vocerío de la calle al tercer balcón del salón para inquirir que sucedía, vi a dos militares americanos, cabos o sargentos, tirando de una driza y llevaban, desde arriba una bandera americana. Deduje que había estado en lo alto del Palacio y comprendí que la causa de tanto alborozo en aquella inmensa muchedumbre, la originaba ver izar la bandera cubana, al arriarse la americana, inquirí sus nombres. Yo le comunique a mis compañeros y en todos los periódicos del 21 de mayo se dijo que habían sido ellos, los encargados del cambio de las banderas.

“Más la verdad no había sido esa y yo lo supe por el testigo más excepcional que podía ofrecer al investigador y ahora romperé un secreto que juramos mantener los seis periodistas que hicimos el 20 de mayo los informes de Palacio. Estos seis periodistas eran: Guillermo Valdés Portela del diario La Discusión, Felipe Taboada de La Lucha, Federico Rosainz de El Comercio, Juan Dardet de la Unión Española, Víctor Muñoz de El Mundo y el que escribe estas memorias [Enrique H. Moreno de El Nuevo País].

“Temprano en la mañana del día 21, llegó al salón de Reporters de Palacio, el fotógrafo Gómez de la Carrera, que había sido el fotógrafo oficial del Gobierno Interventor y me llamó aparte afectuosamente. Él era mi amigo hacía muchos años aunque nuestras edades eran distintas, y ya solos en el amplio portal que da paso al zaguán del patio del Palacio me dijo: Qué malos son los periodistas cubanos… ¿Quién arrió la bandera americana?, ¿Quién izó la cubana?… Y me mostró una fotografía en que aparecen los generales Wood y Máximo Gómez en la azotea del Palacio. La actitud de ambos generales, situados detrás del gran reloj de la azotea, cerca del asta de la bandera,  Wood, en atención, Máximo Gómez  tirando de la driza y la bandera cubana, casi llegando al tope, me hicieron comprender el error padecido por los periodistas cubanos, al citar a los militares americanos como los que habían actuado en el cambio de banderas.

“Yo referí el hecho singular a mis compañeros y convinimos en silenciar la rectificación que Gómez de la Carrera hiciera con prueba concluyente y así permaneció oculta la verdad histórica.  Al extremo que el Dr. Rafael Martínez Ortiz, que fuera Secretario de Estado, en su libro  muy interesante, Los primero años de la República, consigna, seguramente tomados de los periódicos de la fecha, los nombres de los sargentos Kelly y Wundrock como los protagonistas de la arriada y ascensión de ambas enseñas de Estados Unidos y Cuba el 20 de Mayo de 1902 en la sede de la Gobernación de Cuba.”

La publicación de este episodio provocó de inmediato una gran polémica que envolvió a historiadores, investigadores y periodistas. No se encontró en los periódicos cubanos ni extranjeros de aquellos días, ni en los libros publicados, ni en ninguna otra fuente que  confirmara  el artículo de Moreno basado en la fotografía que le mostró y la explicación que le hizo Gómez de la Carrera.

Tanto los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring, en la revista Carteles, como Jorge Quintana, en Bohemia, demostraron sin lugar a dudas que los sargentos E. J. Kelly y Frank Vondrak del Séptimo Regimiento de Caballería fueron los que arriaron la enseña norteamericana e izaron la cubana inmediatamente después de la firma oficial del traspaso de poderes. El propio Gómez de la Carrera retrató a estos militares y los publicó en El Fígaro junto con otras fotografías de la ceremonia que él hizo.

Lo que sucedió fue que después de concluir la ceremonia oficial, el Generalísimo Máximo Gómez subió a la azotea acompañado del Gobernador Leonardo Wood para bajar del asta del Palacio la bandera cubana de gala que se había izado durante la ceremonia y obsequiarla como recuerdo al gobierno de los Estados Unidos, colocando otra en su lugar. Aunque todo quedó aclarado, no se conocía el motivo que había tenido el fotógrafo Gómez de la Carrera para despistar a su amigo Enrique H. Moreno.

El profesor de fotograbado de la Escuela Profesional de Periodismo Márquez Sterling Julio Lagomasino nos comentó en una de las clases de junio de 1952, que él había sido uno de los fotógrafos que se encontraba en la ceremonia oficial del nacimiento de la República junto con Guillermo Blaín, el fotógrafo preferido del presidente Tomás Estrada Palma; Francisco Cabrera, de La Caricatura; S. Gelabert, corresponsal de la revista Blanco y Negro; Juan Francisco Steegers de La Lucha; Federico Gibert de La Discusión; Néstor Maceo y Ramón Carreras que representaban a revistas extranjeras; José Gómez de la Carrera, fotógrafo oficial del  Gobierno interventor norteamericano y corresponsales de distintos diarios y revistas norteamericanos.

Los fotógrafos, continuó diciéndonos Lagomasino,  estábamos en un extremo del Salón y desde allí retratamos a Estrada Palma, Leonardo Wood, Máximo Gómez, militares yanquis y congresistas cubanos que posaban muy contentos ante las cámaras. A las doce del día  comenzó la ceremonia oficial con los discursos del interventor saliente y del Presidente cubano. Inmediatamente después rubricaron  los protocolos del cambio de poderes, mientras que la banda militar interpretaba los himnos de Estados Unidos y de Cuba y los dos sargentos del Ejército norteamericano efectuaban el  cambio de la bandera norteamericana por la cubana en la azotea. Como todo se produjo simultáneamente ninguno de los fotógrafos que estábamos en el salón  pudimos hacer las fotos de la azotea. Estaba previsto que otros las tomaran.

Al terminar el ceremonial el General Wood  le indicó a Gómez de la Carrera, que lo siguiera y junto con el Generalísimo subieron a la azotea. Los sargentos norteamericanos estaban esperando y a una orden de Wood  arriaron la gran bandera cubana y colocaron en su lugar otra más pequeña que el General Gómez se encargó de izarla. Mientras lo hacia posaron para el fotógrafo. También tomo la foto de los sargentos. La gran bandera cubana, como se ha dicho, fue obsequiada al Gobernante norteamericano Wood como recuerdo de ese memorable día.

Gómez de la Carrera bajó gozoso, el privilegio de ser el fotógrafo de Wood le había permitido obtener una fotografía única y se encontró con sus compañeros Lagomasino y Steegers a quienes les dijo burlonamente: – Los encargados del protocolo han dado a la prensa los nombres de los dos sargentos que arriaron e izaron las banderas. Pero ¿Qué pasaría si yo les dijera  a los periodistas que no fueron esos soldados los que cambiaron las banderas sino los Generales Wood y Gómez?, ¿Qué cara pondrían? y yo tengo una foto que lo puede “demostrar”. Lagomasino y Steegers se rieron pero no se imaginaron que al día siguiente le gastaría esa broma a su amigo.

Moreno, pensando que era verdad, lo comentó a sus compañeros. Estaba apenado porque él había dado el nombre de los sargentos y la información que había salido publicada en los diarios habaneros. Pero sus colegas lo tranquilizaron y conviniendo en dejarlo así, a fin de cuentas los periodistas extranjeros publicaron lo mismo que los cubanos y nadie lo puso en duda. Pasaron los años,  Gómez de la Carrera murió en 1908 y ninguno de aquellos periodistas tuvo en cuenta ni recordaron la ocurrencia del fotógrafo.

Al cumplirse el cincuentenario de la República, Moreno, que era una persona muy honesta, no podía seguir cargando con el peso de ese secreto y publicó la foto y lo que le había dicho el fotógrafo en aquella ocasión. Como no se había percatado que era una broma, creo esa confusión.

GÓMEZ DE LA CARRERA

El fotógrafo José Gómez de la Carrera. 

El fotógrafo José Gómez de la Carrera era español. De muy joven viajó a los Estados Unidos donde aprendió fotografía. Obtuvo la ciudadanía norteamericana y hablaba con soltura el inglés. Se estableció en La Habana en 1885 en el 2º piso de la calle O’Reilly nº 63. Colaboró en La Caricatura  (1888-1892), La Lucha (1892-1895), El Fígaro (1895-1903), La Discusión (1898-1903), Cuba y América (1904-1906) y en numerosas publicaciones extranjeras.

Fue el  introductor de la instantánea en Cuba y el corresponsal de guerra más activo durante la Guerra de Independencia. Por su condición de ciudadano norteamericano pudo retratar tanto los campamentos cubanos como los españoles. Recogió con gran maestría una importante documentación gráfica de la campaña militar.

También fue el fotógrafo oficial de la Comisión norteamericana que investigó el hundimiento del acorazado Maine y del Gobierno interventor. Recorrió la Isla con el profesor Carlos de la Torre para ilustrar los libros de Historia y Geografía  que  este sabio publicó en los primeros años de la República.

El 20 de septiembre de 1903 publicó las últimas fotografías para la revista El Fígaro. Las captó en la estación de ferrocarril de Villanueva cuando se disponía a viajar con el presidente Estrada Palma a Camagüey. Momentos antes había retratado el tren, tres vistas interiores del vagón del primer magistrado, una del frente de la estación, otra del alcalde de La Habana O’Farrill y la última con el embajador norteamericano Squiers frente al edificio. Cuando tenía preparada su cámara en el andén para el arribo de Estrada Palma llegó su colega Rabel B. Santa Coloma, quien también colaboraba en la revista. Como tenían graves desavenencias por celos profesionales, surgió una fuerte discusión que terminó en riña. Los separaron. Santa Coloma, joven, deportista e impetuoso, magulló a su rival y le destrozó la cámara. Ninguno de los dos viajó con el Presidente. Gómez de la Carrera no encontró el apoyo que suponía tener en la dirección de El Fígaro donde había colaborado eficazmente durante más de diez años, sobre todo durante la guerra donde sus fotografías llenaron las páginas de la revista cubriéndolo de fama. Lastimado en su dignidad no volvió a colaborar con El Fígaro y se dedicó a retratar banquetes y fiestas sociales.

En 1904, Ramiro Guerra lo designó jefe de  fotografía de la revista Cuba y América. En 1906, ya enfermo, se retiró a su estudio donde falleció dos años después.

Fuentes:

Enrique H. Moreno (Testigo presencial) “Mi 20 de Mayo de 1902”, Bohemia, 18 de mayo de 1952, pp. 129 y 130.

Julio Lagomasino  comentando el artículo de Moreno con alumnos de fotografía  de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling en junio de 1952.

Rafael Pegudo.  El Cincuentenario de la Asociación de Reporters de La Habana, “El Reportaje Gráfico en Cuba” p. 315.

Bohemia 25 de mayo y Carteles 29 de mayo de 1952.

Revista El Fígaro del 1o. de junio de 1902.

De Grandes momentos del fotorreportaje cubano, en Cubaperiodistas. Tomado de Verbiclara.

Santaclareño José Braulio Alemán: periodista y patriota

Alemán, en sus años de Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes (1928-1930)

Nació en Santa Clara, el 26 de noviembre de 1864. Periodista. Conspirador en Villaclara a las órdenes directas de José Martí. General de brigada y sub-inspector general del Ejército Libertador. Secretario de la Guerra, electo en la Asamblea de la Yaya, en 1897. Constituyente por Las Villas en 1901 y opositor a la Enmienda Platt.  Gobernador de la provincia de Santa Clara en 1906. Senador de la República durante el gobierno de José Miguel Gómez. Embajador de Cuba en México entre 1926 y 1928 y Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes hasta su muerte, ocurrida el 15 de enero de 1930.

Todo eso, y aún más, pues fue director de varios periódicos, miembro de la Academia de Historia de Cuba, fundador de las Escuelas Industriales y hombre de un profundo y arraigado pensamiento antinjerencista fue José Braulio Cástulo Alemán Urquía, quien naciera hace 148 años y que hoy permanece olvidado por las actuales generaciones de villaclareños y cubanos, desconocedora de sus innegables aportes a la causa independentista; a pesar, incluso, de que una de las calles de la capital de Villa Clara lleva su ilustre apellido.

Por demás, amigo personal y hombre de la entera confianza del Generalísimo Máximo Gómez, quien durante la Guerra del 95 le encomendara importantes y delicadas misiones en defensa del ideal mambí y a quien gustaba llamarle el Sinsonte de Las Villas, por la palabra fácil y florida del general santaclareño.

PERIODISTA DE VERBO VALIENTE

Tres periódicos contra España fundó y dirigió José Braulio Alemán en Santa Clara hasta su partida a la manigua en septiembre de 1895: El Horizonte, La Protesta y La Defensa. Luego, en Cienfuegos, durante la primera  ocupación militar norteamericana (1899-1902), fundaría La Tribuna.

En todos, hizo Pepe Alemán gala de un periodismo valiente, calificado de verdadero látigo contra el despotismo, la tiranía y toda clase de atropellos.  Según Manuel García Garófalo, en semblanza publicada el 17 de enero de 1930, a raíz del fallecimiento del revolucionario: “Su pluma valiente no reconoció nunca valladares y dio mucho que hacer a los tribunales. Por sus briosos escritos moralizadores y patrióticos fue procesado varias veces sufriendo prisión otras cuantas.”  (1)

De un artículo escrito por José Braulio Alemán en La Protesta, publicado el jueves 10 de diciembre de 1886, extraemos las siguientes ideas: “Que la justicia en Cuba solo existe de nombre, no necesita repetirse muchas veces para demostrarlo. Que el Gobierno desconoce nuestras necesidades más apremiantes es cosa que no requiere de gran acopio de palabras para demostrarlo. Es necesario que los hombres honrados, los que aman el nombre de la patria, los que no están vendidos ni amalgamados a los criminales se decidan con la entereza del hombre digno, a echar por tierra las artimañas de los verdaderos enemigos de la nacionalidad, de los criminales de levita.” (2)

Mientras que, en el trabajo titulado La Moneda, del sábado 4 de diciembre del propio 1886, el joven periodista y director afirmaba: “Las medidas tibias, las debilidades de los gobernantes, su poco interés porque el orden y la paz sean un hecho incontrovertible, su defecto a hacer algo que se separe de la rutinaria dominación colonial, son la causa de este desbarajuste en que vivimos, donde ni la ley se cumple, ni se hace cumplir.” (3)

Y ante la réplica de esta acusación por parte de un especulador, Pepe Alemán responde: “La Protesta le dice –muy alto por cierto- que no merece ni siquiera su desprecio y que lo que en ella se escribe por su Director sostenido queda. ¡Y (…) a la prueba!” (4)

En los primeros días de septiembre de 1895, tras haber conspirado de manera activa contra España enmascarado dentro de las filas del Autonomismo, pero en realidad,  siendo representante del Partido Revolucionario Cubano en Villaclara a las órdenes de José Martí, marchó a la manigua dejando atrás las huellas de un periodismo lleno de decoro y amor a Cuba.

Por su importancia, que sea el propio Alemán, quien cuente ese trascendente momento de su vida, en documento original, de su puño y letra, que existe en nuestro Archivo Histórico Provincial: “ 5 de septiembre de 1895: En este día, siendo Diputado Provincial por Villaclara, Secretario Excelentísima  Diputación, Presidente de las Comisiones de Fomento y Asientos de la Provincia, Secretario de la Junta Provincial de Represión de la Vagancia, Vocal de la Comisión Inspectora del Censo Electoral y periodista, me levanto en armas contra el Gobierno Español en combinación con numerosas personas de Villaclara, Cruces, Camarones, San Juan y otros pueblos de la provincia donde por encargo del malogrado José Martí venía trabajando el levantamiento.” (5)

DEFENSOR DE LA JUSTICIA MAMBISA

Con 33 años, Secretario de la Guerra del Gobierno elegido en la Yaya en 1897

El 13 de septiembre, lo ascienden a teniente coronel, Jefe del Regimiento de caballería “Villaclara”, y el 15 de octubre del propio 1895 a coronel, por hechos de armas.

El 10 de mayo de 1896, Máximo Gómez lo designa sub-inspector general del Ejército Libertador. En carta al mayor general Serafín Sánchez, el General en Jefe expuso las razones para tamaña promoción dentro del mambisado: “Las señaladas aptitudes del coronel Alemán, me permiten esperar de sus gestiones resultados favorables al mejor servicio” (6)

En este alto cargo dentro del Ejército Libertador brillaron las cualidades de organizador de José Braulio Alemán, capaz de imponer disciplina y cumplir los deberes asignados. Así lo reconoce el propio Gómez en carta dirigida al santaclareño, fechada en el campamento de Remanganaguas, el 19 de julio de 1896:  “Estoy altamente satisfecho de sus gestiones respecto al exacto cumplimiento y observancia de lo prevenido por el Cuartel General del Ejército Libertador (…) Y espero que sin contemplaciones de ningún género, sin otros respetos y acatamientos que lo que exige la Ley, y Ud. debe al desempeño de su alto cometido, perseverará en la campaña moralizadora que ha emprendido.” (7)

Varios son los sucesos en que el sub-inspector del Ejército Libertador se vio involucrado. Resaltan su exhaustiva investigación sobre el cargamento del vapor Dauntless, caído en manos españolas por la negligencia de los jefes mambises de la expedición y, sobre todo, el llamado Caso Morote, suceso político muy sonado dentro del campo mambí en esos años, y en el que Alemán actuó como Fiscal.

Luis Morote era un periodista español que sin previo aviso llegó al campamento del Generalísimo Máximo Gómez, quien, de inmediato, ordenó su arresto y lo sometió a Consejo de Guerra. Alemán fue enfático en su acusación de espía  y traidor y pidió con energía la pena de muerte. Finalmente Morote fue absuelto y regresó a España.

Muchos años después, en 1928, siendo el santaclareño Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, equivalente hoy a Ministro de Educación, recordó así el incidente: “Sí, hubo momentos en que tuvo miedo. Yo me daba perfecta cuenta del efecto que producían mis palabras; en cambio el no podía imaginar mi estado de ánimo. Yo tenía la convicción plena que Morote no sería condenado. Es más, tuve que fingir la nota para calificar su acto de un delito de espionaje y traición. Sabía perfectamente que Morote no era espía ni traidor. Cumplí con el deber que se me había impuesto. Además, tanto más emocionante y digna de atención sería la sentencia, cuanto más rigurosa fuera mi acusación. Por otra parte debía yo aprovechar la oportunidad que el periodista español me brindaba para reiterar nuestra actitud resuelta y firme, enemiga de toda transacción que no trajese en su seno la Independencia de Cuba, y dispuesta a evitar intrigas y componendas.” (8)

Por sus dotes y capacidades, el general Alemán fue electo Secretario de la Guerra en 1897. Tenía 33 años y había sido designado por el cargo militar de mayor rango dentro de la Revolución, pues según estipulaba en su artículo 31 la Constitución de La Yaya: “EI Secretario de la Guerra será el jefe superior jerárquico del Ejercito Libertador.” No era un improvisado y había dado sobradas pruebas de capacidad y talento. Gozaba, además, de la confianza del General en Jefe.

Producida la intervención militar norteamericana en el conflicto contra España en 1898, Alemán, quien había renunciado antes al cargo, resulta uno de los pocos mambises que avizoró el peligro que representaban los Estados Unidos y el riesgo de licenciar al Ejército Libertador, medida a la que se opuso de manera enérgica: “La anexión, hoy por hoy, es un cuento de hadas que entusiasma  solo a los ilusos. Los despojos de nuestros héroes que blanquean los tristes campos de la patria amada, no pueden ser cobijados –con dignidad- al menos, por más bandera que la enseña libertadora (…) Maldito sería el pueblo de Cuba si otra cosa hiciera; si por su voluntad cambiara de cadenas. Maldito si no supiera desaparecer antes de conformarse con nueva esclavitud.” (9)

HONESTIDAD DURANTE LA REPÚBLICA

Caricatura de Alemán, hecha por Conrado Massaguer cuando el santaclareño era embajador de Cuba en México.

El general José Braulio Alemán fue consecuente con su ideal independentista y pensamiento antinjerencista hasta su muerte a los 64 años de edad. Como miembro de la Asamblea Constituyente de 1901 se opuso siempre a la Enmienda Platt y fue de los 11 cubanos que en la histórica sesión del 11 de junio de 1901 dijo No al engendro jurídico impuesto como apéndice a la Constitución.

Como Gobernador de la entonces provincia de Santa Clara, electo en 1906, tuvo un desempeño, que aunque efímero, ejemplar en el manejo de los fondos públicos y en las medidas que adoptó. Negado a aceptar la Segunda Intervención Militar norteamericana, renunció al  cargo y con su familia marchó a México.

En el telegrama renuncia a William Talf, emitido el 29 de septiembre de 1906, el general santaclareño confirmó su patriotismo: “Reconozco que ya no hay más poder que el del fuerte y en este caso vos lo sois. Vos mismo lo afirmáis dando a la Constitución Cubana que ayudé modestamente a hacer un valor convencional y precario. Servíos resolver a quien entrego.” (10)

Luego fue Senador durante el gobierno de José Miguel Gómez, y él se debió leyes de beneficio al campesinado cubano. Gerardo Machado, con quien había luchado en la manigua, llegado a la presidencia en 1925, lo nombra primero embajador de Cuba en México, entre 1926-1928, y después Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, cargo que ostentaba al morir.

Una anécdota final sirva para calibrar al hombre íntegro que jamás claudicó a sus ideales independentistas y patrióticos. Se trata del enfrentamiento verbal que tuvo vía telefónica con el propio presidente Machado en 1928, cuando este dejó cesanteados a un grupo de funcionarios y periodistas, incluido uno que trabajaba en el ministerio que Alemán dirigía, por haber apoyado una moción a favor de la independencia de Puerto Rico:

Última foto en vida del general de brigada del Ejército Libertador, José Braulio Alemán Urquía.

“La medida que te has propuesto contra los periodistas funcionarios que votaron la proclamación por la independencia de Puerto Rico, es absurda. El gobierno de Estados Unidos no puede en manera alguna hacer responsable al gobierno cubano de un acto ajeno al mismo, donde se reúnen periodistas de diversos países para deliberar. Pero, aunque se enojara, ni tú ni yo, generales de la guerra de emancipación, podemos condenar a los que realizan un acto que recomendó Martí a todos los patriotas: la independencia de Puerto Rico.”

“Esas son exageraciones de quienes hacen una política de servilismo, que tú no puedes adoptar. De todas maneras, te declaro que no estoy dispuesto a cumplir esa disposición. Si ese periodista tiene que salir de su cargo por esa causa, saldré yo también.” (11)

Y ante tan valiente argumentación, Gerardo Machado no solo restituyó a los periodistas cesanteados, sino que en la recepción a los delegados del Congreso de la Prensa Latina, los atendió con particular esmero. El general Alemán estaba a su lado y sonreía…

Así era el periodista y revolucionario santaclareño, al que debemos sacar del lamentable olvido que hoy se encuentra.

REFERENCIAS

(1) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 29.

(2) José Braulio Alemán, La Protesta, en Fondos Raros y Valiosos, Biblioteca Provincial Martí.

(3) Idem

(4) Idem

(5) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 4

(6) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 14

(7) Idem

(8) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 37

(9) Fondo Garófalo, en Archivo Histórico Provincial, expediente 420

(10) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 19

(11) Fondo José Braulio Alemán, en Archivo Histórico Provincial, expediente 36

 

 

Santa Clara rindió homenaje al coronel Leoncio Vidal

Santa Clara le rindió hoy homenaje al coronel mambí Leoncio Vidal Caro, caído en combate el 23 de marzo de 1896, en la antigua Plaza de Armas, hoy Parque Vidal.

A 116 años de su muerte, elpueblo santaclareño acudió ante el busto que perpetúa su memoria para recordar al joven mambí que allí cayera en desigual combate.

Nació Leoncio Vidal en el partido de Ceja de Pablo, actual Corralillo, el 12 de septiembre de 1864 y desde pequeño se trasladó con sus padres a Camajuaní, donde desarrolló toda su labor conspirativa contra el colonialismo español.

El 27 de junio de 1895 se levantó en armas. En su Diario de Campaña escribió: «Al fin ya puedo combatir al odioso gobierno de la Metrópoli, machete en mano y en los campos de Cuba que pronto serán libres.»

Entre sus principales combates  sobresalieron: ataque al fuerte La Vigía, descarrilamiento de un tren en la zona de Cien Rosas y  el combate de Palo Prieto, donde recibió los grados de teniente coronel.

Sus acciones de guerra ganaron renombre en el extranjero, pues el asalto y destrucción del tren Caibarién-Placetas fue descrito por la revista La Ilustración Española y Americana, en su edición del 20 de enero de 1896.

Necesitado Máximo Gómez de un jefe intrépido y valeroso para tomar Santa Clara, no duda en comisionarlo para la misión.  El 21 de marzo se estudiaron los planos de la ciudad y Gómez lo ascendió a coronel y le concedió el mando interino de la Brigada Santa Clara.

Por el barrio Condado entró en la ciudad, y hacia la Plaza de Armas subió por la calle Santa Clara, hoy Tristá. En medio de la balacera cayó herido de muerte su ayudante, el cabo Ramón Brito, y Leoncio descabalgó  para intentar llevárselo consigo por el Callejón de las Flores, pero una bala de máuser se le antepuso.

Su cadáver fue a parar en manos enemigas. Un documento encontrado en sus ropas sirvió para identificarlo, aunque la barba de varias semanas hizo que los españoles dudaran de su autenticidad, hasta que lograron corroborar la noticia. En el campamento mambí todo fue pesar y lamentaciones.

Por decisión del Ayuntamiento de la ciudad, desde el 4 de enero de 1899, la antigua Plaza de Armas, lleva su nombre.  Una propuesta realizada por el concejal Enrique del Cañal aprobada de manera unánime.

En 1929, le fue develado un busto esculpido en Italia. Al importante acto asistió su viuda, amigos y pueblo en general. También al insigne patriota se le recuerda en la farola, que representa el lugar  donde cayó luchando contra el colonialismo español.

El escritor, historiador, bibliotecólogo y patriota santaclareño Manuel García Garófalo escribió la inscripción: «Aquí, en la noche del 23 de marzo de 1896 sucumbió heroicamente en defensa de la independencia de la Patria el Coronel Leoncio Vidal.»

Antonio Maceo: La muerte predestinada

El 7 de diciembre de 1896, hace 115 años, moría el Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio de la Caridad Maceo Grajales, el Titán de Bronce. Un hombre al que el pueblo de Cuba le rinde tributo y honra su memoria. Mañana habrá en Santa Clara una peregrinación de pueblo hasta el Cementerio local.

Muerte de Antonio Maceo, del pintor Armando Menocal.

“Dos balas, una para Gómez y otra para  Maceo, y acabamos la guerra en Cuba», afirmaba el político español Antonio Cánovas del Castillo. Lamentablemente, una de esas balas dio en el blanco, y el 7 de diciembre de 1896 rendía su vida el lugarteniente general del Ejército Libertador Antonio de la Caridad Maceo Grajales. Caía por la independencia de Cuba el Héroe de la Protesta de Baraguá y el guerrero epónimo de más de novecientas acciones combativas.

A su lado, firme en el puesto del honor, también moría Francisco Gómez Toro, Panchito, el hijo del Viejo Gómez y ahijado suyo. El joven capitán mambí prefirió dar su vida antes que abandonar el cuerpo ya exánime del General Antonio.

San Pedro de Hernández, cerca de Punta Brava

El 4 de diciembre de 1896, Maceo con un reducido grupo de oficiales cruza la trocha de Mariel a Majana. Padece de fiebres y se encuentra casi baldado de las piernas por la extensa caminata. En la noche del 5, la fiebre le sube y delira. Habla de sus padres, de sus hermanos caídos en la guerra y, por último, cree haber perdido a la esposa. Todos sus familiares intervienen en su sueño, le hablan, y le dicen que ya bastan para él la lucha y la gloria. Tiene la premonición de la cercana muerte.

Al siguiente día mejora, y el 7 de diciembre a las dos de la madrugada, partió hacia San Pedro de Hernández, donde estableció campamento. En su mente estaba atacar, esa propia noche, si fuera posible, al poblado de Marianao. Al estudiar el croquis del lugar, exclamó con entusiasmo: «Nos metemos en Marianao, habrá bulla y los españoles de la capital quedarán notificados».

Cerca de las dos de la tarde, el campamento fue sorprendido por los españoles. De repente, se escucharon tiros: «Fuego en San Pedro», exclama el teniente coronel Juan Delgado. Maceo se alarmó ante la proximidad del enemigo y la intensidad de los disparos. Calzado ya, machete y revólver en el cinturón y su caballo ensillado por él mismo, ordenó imperioso: «¡Por aquí!»

El combate cobró intensidad. El general Antonio ordenó picar una cerca de alambre de púas que obstaculizaba el ataque mambí: «Esto va bien», le dice a Miró Argenter, su jefe de Estado Mayor. Fueron sus últimas palabras, pues, segundos después, una bala enemiga le hiere en el rostro, en el maxilar inferior, y cayó a tierra.

La desesperación resultó enorme. Varios intentos por sacar el cuerpo de Maceo, gravemente herido, resultaron infructuosos; en uno de los últimos, cuando lo subieron a un caballo, recibió otro balazo, que le entró por la tetilla izquierda y lo privó de la vida.

Después sobrevendría el esfuerzo heroico del hijo del Generalísimo Máximo Gómez por no dejar solo el cuerpo del Titán de Bronce. La acción sublime del Panchito valiente, quien, al saber herido a su jefe, abandona el campamento con su brazo en cabestrillo, y decidido, corre a salvarle la vida a Maceo o dar la suya propia en el intento: «¡Yo no abandono al General!»

Ambos cuerpos quedaron abandonados varias horas en el campo de combate. Juan Santana Torres, práctico del coronel español Cirujeda, le propinó a Panchito un machetazo, rematándolo. Algunos guerrilleros despojaron a los cadáveres de sus ropas exteriores y de varias prendas, como el revólver, las botas y los gemelos del general.

Encontrados más tarde por las angustiadas fuerzas cubanas, y a indicación del teniente coronel Juan Delgado, los cuerpos de Maceo y Panchito fueron trasladados al Cacahual y enterrados en una sencilla ceremonia fúnebre presenciada por muy pocos. El secreto del lugar de la tumba no sería revelado hasta alcanzada la independencia de Cuba, y solo al general Gómez.

Manifestaciones de dolor

De la muerte en combate de Antonio Maceo y de su hijo Panchito, escribiría Máximo Gómez a María Cabrales, la viuda del Titán de Bronce: «Apenas si encuentro palabras con que expresar a usted la amarga pena […] El general Antonio Maceo ha muerto gloriosamente sobre los campos de batalla […] Con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted el dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos, y pierde, en fin el Ejército Libertador a la figura más excelsa de la revolución […]

«A esta pena se me une, en el fondo del alma, la pena cruelísima de mi Pancho, caído junto al cadáver del heroico guerrero y sepultado con él, en una misma fosa […]»

Mientras, el general José María Rodrí­guez, Mayía, que conoció bien de cerca su grandeza militar y ciudadana, al enterarse de la infausta pérdida, exclamó: «El destino insensato ha derribado al Coloso sobre la tierra que a su paso estremecía con el fragor de sus triunfos. ¡Ya no hay Antonio Maceo! Cuba ha perdido su más valeroso paladín: la tierra su más poderoso guerrero, la victoria, su dios».

Más cercano en el tiempo, el Che Gue­vara, en su discurso homenaje al Titán, por el aniversario 66 de su caída en combate, el 7 de diciembre de 1962, cercanos aún los días luminosos de la Crisis de Octubre, significó: «Nuestro pueblo todo fue un Maceo, nuestro pueblo todo estuvo disputándose la primera línea de combate en una batalla que no presentaría quizás líneas definidas, en una batalla donde todo sería frente y donde seríamos atacados desde el aire, desde el mar, desde la tierra, cumpliendo nuestra función de vanguardia del mundo socialista en este momento, en este lugar preciso de la lucha.»

Y Fidel, en su antológico discurso por el centenario de la Protesta de Baraguá, al valorar la integridad militar y ética del hijo de Marcos y de Mariana, la madre de Cuba, dijo: «[…] Hay que decir que dejó realmente a nuestro pueblo una herencia gigantesca, infinita, con esa actitud […] con la Protesta de Baraguá llegó a su punto más alto, llegó a su clímax, llegó a su cumbre, el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo.»

A 115 años de la caída en combate del General Antonio y su ayudante Panchito, no podemos olvidar aquella frase inmortal del pensamiento antiimperialista de Maceo de «[…] mejor subir o caer sin ayuda antes que contraer deudas con vecino tan poderoso». Y tampoco este otro pensamiento suyo, menos conocido, que nos recuerda cada día nuestro deber con Cuba: «No odio nada ni a nadie, pero amo al deber y a la justicia, y a mi Patria sobre todo. […] Para qué querer la vida sin el honor de saber morir por la Patria.»

Fuentes consultadas: Maceo: héroe y carácter, de Leopoldo Horrego; Maceo: estudio político y patriótico, de Leopoldo Horrego; Maceo, de L. Zarragoitía Ledesma, y Antonio Maceo, las ideas que sostienen el arma, de Eduardo Torres-Cuevas.